María es de ORO!!

“La diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario es ese pequeño EXTRA…”

Para llegar a conseguir un excelente resultado es necesario que todas las variables que afecten al tiempo final encajen a la perfección. Podemos trabajar bien y saldrán buenas marcas, podemos ir por el camino correcto y terminar contentos con el resultado. Pero si realmente queremos que cuando miremos el crono se ponga nuestra piel de gallina tenemos que trabajar desde el primer hasta el último día dando el 100%.

La natación es sencilla, premia a quien lo merece. Como nadadores tenemos un margen de trabajo muy amplio, y el resultado final depende en gran medida de nuestro esfuerzo y sacrificio. Al igual que en otros deportes, después del trabajo duro y de exprimir esta máquina que es nuestro cuerpo, se alcanza un nivel en el que otros factores empiezan a afectar en el rendimiento final: como la genética, el ambiente, la capacidad de competir, los oponentes… Pero en los niveles en los que nos movemos en la actualidad cada nadador siempre tiene dentro de sí la opción de elegir qué camino tomar. Cada deportista es el guardián de su resultado, y ha de ser su mente la que establezca cual es la meta por la que pelear.

El primer lunes de septiembre empezamos cada temporada, y es en ese día donde cada uno ha de mirar en su interior, y decidir si quiere pelear por sacar lo mejor de sí o quiere simplemente entrenar para morder poco a poco décimas a sus marcas. Llevo muchos años como entrenador, y por mis manos han pasado muchos nadadores. Bastantes de ellos han sacado buenos resultados, y han tenido el placer de colgarse medallas en campeonatos de España. Pero aun estoy esperando al “NADADOR”. Ese que da el 100%, que entrena sin miedo y compite con furia. Ese que no se deja nada en los entrenamientos, el que pelea por cada metro y se esfuerza en cada brazada. Estoy esperando a que llegue ese deportista que sienta que cada entrenamiento puede ser el último y que cada volteo bien trabajado puede darle la gloria en la competición principal. Por mis cronos han pasado marcas vertiginosas, nadadores excelentes que han realizado tiempos impensables hace unos años. No me quejo, el grupo de trabajo que hemos creado es de un elevado nivel, pero falta dar un paso más… Ha llegado el momento de evolucionar. Y están empezando a llegar a mis manos nadadores inconformistas. Atletas para los cuales las palabras “no puedo” no significa nada.

Este año de entre todos ellos ha asomado la imagen de María Laguna. Una nadadora con muchas cualidades que se ha ido reinventando año a año. Ha pasado por todas los grupos del CN Toledo, y cada temporada se ha ido fortaleciendo. De cada técnico ha sabido sacar lo mejor, y su progresión nunca ha cesado. Aún con la espina clavada del CSD (a las puertas de acudir) no ceso en su empeño, y apoyándose en sus amigos de entrenamientos, ha convertido la natación en una forma de vida. En la temporada pasada ya dio muestras de lo que era capaz ganando el 50 Espalda en el Campeonato de España por CCAA, y realizando innumerables MMR de edades y absolutas. Llegó el verano y no cesó en su empeño. En Sevilla peleo por las medallas y se quedo con la siempre amarga cuarta posición. Lejos de desmoronarse se hizo mucho más fuerte. Ella no ve derrotas, simplemente diferentes formas de mejorar.

Empezamos el año y el objetivo estaba claro: MEDALLAS. Este era su último año de junior, era la opción de pegarse con las más grandes para intentar crear un recuerdo que jamás pudiera olvidar. Con un regional con marcas de escándalo (1.05s y 30.5s) el trabajo parecía el adecuado de cara a Palma. Con un CCAA de nuevo que daba alas, y una segunda posición en el 50 Espalda, dejaba la suerte echada de cara a su campeonato de España. Pero de nuevo no salió. El competir en P50m sin poder entrenarla hizo mella y la marca no fue la que esperábamos. Pero con ella no van las malas caras, si hay un momento de pena siempre es corto. Cuando el sacrificio es grande siempre cuesta mirar la placa y no estar contenta, pero esa insatisfacción solo ha de darnos fuerzas para pelear aun más duro por el próximo campeonato. El trabajo estaba bien hecho, y si el resultado no salía era cuestión de esperar. La vida es sabia y guarda momentos de gloria para aquellos que confían, y sobretodo saben esperar. No nos desmoralizamos y acudimos a la copa con las pilas cargadas. Las marcas por fin salían, un buen 200 E (por lo menos no tan flojo como otros…) y una excelente marca en 100 E (1.06.7s) de nuevo nos daban energías para seguir trabajando. El sueño ya se estaba fraguando…

 

Seguimos trabajando, más duro aún. Cada entrenamiento era una pelea contra el crono. Las indicaciones iban variando, a veces sugerencias animadas por risas y otras muchas veces broncas. Unas veces nos marchábamos de la piscina con la moral por las nubes, sabiendo que estábamos en el buen camino y otras muchas (porque no decirlo) el entrenamiento salía tan mal que daban ganas de arrojar la toalla y conformarnos con lo que viniera. Habría sido lo mas fácil. Pero la natación es así, premia al constante y al que trabaja con ilusión. Al que pelea y no se amilana con los resultados no esperados. Este deporte es justo y ofrece a cada deportista lo que merece, solo es cuestión de saber esperar. Los entrenamientos se sucedían, las marcas asomaban. Entre cada sesión de piscina y Valencia ya no quedaba ningún objetivo intermedio. Solo quedaba rodearnos de TRABAJO DURO. A veces no era fácil lo sé, a veces los entrenamientos era aburridos y muy exigentes. Así debían ser, había que fortalecer su cabeza y preparar a su cuerpo. La velocidad estaba ahí y solo había que buscar aguantarla, y así reorientamos los entrenamientos. Renovarse o morir, teníamos que cambiar el la forma de trabajar para no caer en el mismo error (“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo…” Einstein). Ella cambio, yo cambie, el grupo entero cambio. Metimos metros y forzamos el aeróbico. Y el cambio nació. En el circuito de verano de Madrid, la mínima del 200 espalda que parecía imposible asomaba al final del túnel. Y por ella peleamos. Siempre lo he dicho “para nadar muy bien un 100 hay que nadar bien un 200…”. Si queremos hacer una prueba de 10 nunca podemos hacer la prueba de distancia superior de 5. Convencidos de ello nos olvidamos del 50 y dejamos un poco de lado el 100 para que al competir con garantías el 200. Nos arriesgamos. Y María no dudo en ni un solo momento, acepto las indicaciones. Las series de 200 se sucedían y, aunque a veces ponía malas caras, las hacía confiando en mí y en nuestro día a día. Maduro como nadadora, se implico en uno de sus grandes errores. Su cuerpo se adapto y cambio, pero sobre todo su mente enfocó de otra manera el 100. Y seguro que hubo errores, y puede que los entrenamientos nos fueran los mejores, pero desde luego algo debimos hacer bien cuando en Valencia tuvimos una emotiva recompensa…

 

El regional de Almansa como competición control, el 200 Espalda como prueba clave (objetivo mínima) y las otras dos espaldas para completar el calendario. Competición agridulce. Que daba ilusión y ganas de soñar pero a la vez miedo. Con un 200 espalda muy bueno rozamos la mínima, nos íbamos a Valencia con solo una prueba. Con un 100 espalda al aire libre por primera vez en toda la temporada… 1.08s. Escalofríos. “Mirar al cielo es complicado – le dije. No te preocupes que esta marca es 1 segundo más rápida en cubierta…” Me creería? nacerían dudas? Yo sabía que era así. Cruce los dedos porque confiara en mí. El tándem nadador entrenador es clave a nivel físico, pero sobretodo psicológico. La confianza es la base de toda relación y no ha de ser menos en el deporte. Terminamos el campeonato con alegría, el 50 espalda que lo habíamos trabajado menos nos regalo un 30.9 s. Mejor marca personal, oro regional y RCLM absoluto. Hay nadadores buenos pero luego hay otros como ella que incluso te dan una alegría cuando no la esperas. Estaba rápida, y la marca del 200 era la mejor de su vida. No fue mínima y el 100 nos hizo dudar. Pero lo importante era que salimos de Almansa con la prueba superada. María estaba en forma, había llegado al 95% a Almansa  y había rendido. Nos quedaban cerca de 3 semanas para demostrar en Valencia que podíamos optar a nuestro objetivo. Quedaba poco camino por recorrer pero no había opción a tropiezos. Cada paso debía ser dado con confianza y cada brazada con motivación. Teníamos ilusión por hacer algo grande, y lo que se empezó a crear en el 2012 debía culminarse en el 2013. Era domingo y quizás otros descansaran al día siguiente, nuestro lunes debía ser de trabajo en la piscina a no dar opciones a la incertidumbre…

El cambio a la piscina de verano siempre fue duro. Desaparecen las corcheras, nos quitan el techo y los espaldistas bajan el ritmo. Las olas se hacen dueñas de los entrenos y ritmos dejan de salir. Empieza la época de duda. Entrenamos a ciegas. Las marcas no aparecen pero teóricamente el rendimiento está aumentando. No queda otra, confiar en la planificación y andar a tientas con los ojos cerrados. Acudir a la piscina de invierno de vez en cuando y comprobar si la cosa avanza. Y así era. Los 25 se asentaban en 14,2”. Los 15 en 7,9s. Se aguantaban metros a velocidades de competición, y parece que empezábamos a coger agua. Mirar al cielo cada vez nos daba menos miedo y ya solo quedaba comprobar cómo estaban las oponentes. Nuestra parte parecía estar hecha. Los regionales de otras comunidades no daban muchas sorpresas y solo quedaba esperar al jueves por la mañana.

Salieron los inscritos, y primer jarro de agua fría. Muchas nadadoras en muy buenas marcas, y por si fuera poco una fuera de serie había decidido tirarse al 100 Espalda. Un posible puesto menos para repartir el pódium. Fuera miedos, arriba motivación. En cuanto vimos series te lo dije: “A esas las ganas tu María, eres una máquina!!”. Solo te reíste… El hormigueo ya aparecía por tu estomago, y solo querías no pensar. Huir de la presión y buscar la motivación. Siempre lo has hecho bien. Y en Valencia diste una lección.

 

Estrenaste bañador, y aunque no fue con mejor marca tampoco la esperábamos. Sabíamos que por la mañana no era fácil nadar rápido. Las series se sucedían y tú ibas en la última. Yo cogí posición para verte bien, a los 15 m de la llegada que es donde me gusta, y empecé a apuntar cronos de las cabezas de serie. Todas muy lentas. Miedo… Si todas corren poco es por algo, esperaba una marca más regular por el conjunta. Agua caliente? Piscina descubierta? A tu lado la referente, la nadadora que estaba llamada a hacer oro. “Si vas a su lado vas bien María, y si vas por delante es final segura”. La arrollaste. A los 25 m la sacabas medio segundo. Al parcial de 50 uno. Tocaste la placa muy por delante de ella y te clasificaste con 1.06.9s para la final con la mejor marca del 97. Frialdad. Concentración. Fuera presión. Somos los mismos que cuando llegamos, que la euforia no pueda con nosotros. Saliste con buena cara. Como siempre “teoría del sandwich”. Primero algo bueno, después los errores, y para terminar algo mejor. Tu cabeza se tenía que quedar fría, tu ambición intacta. Pero a la vez había que controlar a los compañeros y a tus padres, evitar la presión. Canalizarla. Y sobretodo aumentar la motivación intentando que en el caso de un resultado regular por la tarde, este no supusiera una angustia que dejara en tela de juicio el trabajo realizado. Pasara lo que pasara lo habíamos hecho bien, y para mi serías la misma gran nadadora que hasta ese momento.

Hotel, comida, descanso. Entre algodones. Miradas cómplices entre nosotros y algún achuchón para animar. Nada de presión, solo ganas de hacerlo bien. Mismo calentamiento y misma rutina. Si algo funciona bien por la mañana no hay que cambiarlo por la tarde. Controlar el tempo: calentar, descansar, fast y visualizar. Llegó la hora. Jamás ningún deportista hizo algo grande sin ilusión. Nadie nunca logró su objetivo sin convicción. Tus ojos llevaban grabado a fuego lo que pasaría a los pocos minutos. No vi dudas en ni un solo momento. Segundos antes de irte las últimas palabras, ya lo habías hecho bien por la mañana. Solo se podía ajustar un poco el primer parcial y volver con mas ganas que nunca. Un abrazo enorme de ánimo, y toda la suerte del mundo. La prueba debía ser perfecta, y así lo hiciste María, convertiste algo más de un minuto de nado en un combate contra ti misma. Fueron 66 segundos de implacable autoridad. La calle 2 era la peligrosa y no la veías, solo quedaba dar el 100% y controlar los laterales. Salir delante y no dejarte pasar, y al ajustar la llegada confiar en que en la placa apareciera tu calle entre las 3 primeras.

Como siempre lo hiciste fácil. No hubo dudas. Desde los 15 m hiciste de ese 100 espalda tu prueba. Al viraje ya ibas primera y tu ritmo de nado dejo claro que no ibas a dejar pasar a nadie. Con un parcial en 32,35 s, 4 décimas más rápido que por la mañana, volteaste primera. Del metro 65 hasta el 100 mi corazón fue subiendo de pulsaciones hasta casi explotar. Volviste en 33,8 s. La más rápida de la serie. Al tocar la placa y mirar al crono solo quedaba sonreír. Aspirar el dulce aroma del trabajo duro y volver a sonreír. Te miraba y guardaba en mi retina tu imagen de felicidad. Volvías a mirar el marcador y no lo creías, pero yo sí. Ese era el crono que sería de premio a todo el trabajo que llevabas detrás. Desde tus primeros entrenadores hasta mí. En cada centésima iba impregnado el cariño de tus padres, su implicación y su apoyo. Personas que te han arropado en todas las situaciones y que han hecho del club un lugar mejor donde trabajar. Cada brazada que dabas en esa final se había fraguado hacía ya muchos años, cuando elegiste este deporte. Cuando te entreno siendo una canija Carmen, Diego, Fátima… Cuando acudías al entreno sin saber que te depararía el futuro. Ese mágico instante de pura felicidad llevaba detrás muchas horas de trabajo desinteresado en los que nadie sabía que ese iba a ser tu premio. Miles y miles de horas dentro del agua rodeada por la gente que más quieres, con los que compartes tu vida. Esa medalla también es suya, de cada compañero que hacía las series a tu lado. Y a ellos también debes agradecérsela.

RESULTADO DE 100 Espalda

Saliste del agua. Llorando como no. Era tu primera medalla en un nacional, y era de ORO. Las lágrimas se te mezclaban con las sonrisas, a lo lejos en la grada tu padre y tu madre siendo felicitados por todos. Estos son los momentos por los que trabajamos tan duro. Estos son los instantes que hacen que todo merezca la pena. Un objetivo cumplido (sea el que sea) vale para dar por bueno el trabajo anterior. Lo demás es secundario. No hay otro lema posible que “un nadador, un sueño”, y por él no dejamos la piel cada día. Esta vez María eres el pico de esa pirámide, la imagen que sobresale por encima de las demás. Pero detrás de ese resultado hay muchos otros también muy importantes. Tus lágrimas eran las de felicidad, y jamás olvides las palabras que te susurré al oído en aquel instante, mientras te abrazaba. “Guarda este momento en la memoria, grábalo a fuego porque de él de has de alimentar cuando los entrenamientos sean duros, cuando sientas que necesitas tirar la toalla…”. Y luego llego el baño de masas, los compañeros a tu lado dándote la enhorabuena. Tus padres. Rocío, tu madre, llorando de felicidad. Esto es natación en estado puro. A lo mejor no es futbol, y no mueve a tantas masas ni tanto dinero. Pero cuando las cosas salen como merecen se eclipsa todo lo demás.

Habrá momentos duros y difíciles. No siempre serán medallas de oro y alegrías, pero de eso se trata la natación, de eso se trata la vida. Todo son contrastes, y si algo nos hace feliz es porque conocemos lo que nos hace infeliz. Esta vez la alegría está colmando esta temporada, pero habrá momentos complicados en lo que habrá que utilizar la memoria para saber salir adelante. Cada nadador ha de tener definido el camino que quiere seguir. Cuando se pone el pie en la pileta el primer lunes de septiembre hay que orientar la forma en la que se va a trabajar. Y ser consecuentes con ello durante toda la temporada. La base de un buen resultado es la confianza tanto en el entrenador, como en uno mismo como en el trabajo duro. Y nadie llegó más lejos que aquel que dio de sí el 100%. Quizás los técnicos del CN Toledo no somos los mejores, puede que nuestros conocimientos no basten para crear un campeón olímpico, y que nuestros medios para conseguirlos no sean los ideales. Pero sin duda nuestra ilusión y ganas de trabajar, nuestra dedicación y el cariño que tenemos por cada nadador compensan todas nuestras carencias.

Como entrenador me reconozco como humano, y cuando las cosas no salen, y los resultados no acompañan también tengo momentos de duda, de incertidumbre. Pero esos momentos solo sirven para hacerme más fuerte. Para intentar ser mejor entrenador. Quizás no lo estemos haciendo todo lo mejor posible, pero algo estaremos haciendo bien cuando tenemos nadadoras del nivel de esta nueva campeona de España que es María.

Enhorabuena pequeña, vendrán otras muchas cosas geniales, pero esta medalla y este recuerdo no te lo va a quitar nadie…

No pongas límite a lo que no tiene por qué tenerlo!

 Jaime Moreno de Pablos

Comments

  1. Gracias, Gracias, Gracias,…
    Las muestras recibidas de alegría, cariño, complicidad, satisfacción, júbilo y felicidad que estamos recibiendo estos días nos dejan sin palabras. Os queremos agradecer a todos tanto cariño que habéis demostrado a María y queremos recordaros sinceramente que un buen trozo de este éxito es también vuestro.
    Hemos elegido un deporte muy duro, la natación que exige grandes dosis de esfuerzo y sacrificio personal, familiar y social y todos vosotros hacéis que el trabajo y la ilusión se mantengan firmes. María lleva compitiendo con los colores del Club Natación Toledo desde el año 2005. Es nuestro club y estamos en él como en casa, siempre tenemos cosas que mejorar pero nuestros nadadores pelean por su camiseta con todas sus energías.
    Queremos mostrar nuestro agradecimiento a todos los compañeros del club, desde los capitanes hasta la última incorporación de los más pequeñitos que se reflejan en los más mayores; porque sencillamente os recordamos que una parte muy importante de este éxito es vuestro, por vuestro apoyo, por vuestras sonrisas, por esos momentos especiales de duro entrenamiento, en fin ya sabéis que los compañeros nos hacen ser mejores día a día, brazada a brazada. Nos vais a permitir un recuerdo especial a dos compañeros, por un lado Alexandra que acompaña a María durante todos los días del año y con quien le une una amistad a prueba de bombas, y por otro lado con el mejor nadador del club, Manuel Serrano, con quien tiene una especial complicidad y apoyo permanente. No todo son medallas, nosotros lo sabemos más que bien, pero debéis seguir luchando por vuestros objetivos y recordar que todos, desde el primero hasta el último sois indispensables en el Club. Ánimo a todos los que os habéis quedado a las puertas de vuestros retos porque seguro que lo conseguiréis en breve.
    Si los compañeros son importantes, qué decir de los entrenadores que sienten como propios los premios y los sinsabores de sus chicos. Los innumerables triunfos recientes del Club son, sin duda, mérito propio de todo el equipo técnico que han sabido sacar lo mejor de sus nadador@s. No siempre estamos de acuerdo con ellos, pero marcan el día a día a rajatabla, sin fisuras, marcando los ritmos para las pruebas y retos que han de llegar. Necesitamos reconocer en Jaime, recordando también a Fátima y Carmen, que al menos la mitad de los logros de María han sido suyos, y lo decimos de corazón, con sinceridad sin palabras obligadas. Los nadadores y el equipo técnico disfrutáis de una complicidad excepcional, os hacen bastante más caso que a los padres. Jaime le estás dedicando a María todo tu esfuerzo, cariño y profesionalidad y te lo agradecemos infinitamente ya que los estáis formando y educando como personas y deportistas.
    Por último, pero no menos importante, queremos agradecer a los otros protagonistas silenciosos de nuestro deporte, los padres y familiares, que acompañan, animan, ayudan, transportan y todo lo demás, a todos ellos con total deportividad, ya sean de nuestro Club o de otros de Castilla-La Mancha. Estos días nos habéis estrujado con vuestro cariño y queremos manifestaros también que sentimos como nuestros los éxitos de vuestros hijos.
    En fin que estamos muy contentos y orgullosos y necesitamos compartirlo con todos vosotros.
    Un saludo de la familia de María.

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