Travesía Valle de Iruelas: Jorge Escudero

La temporada pasada pusimos en funcionamiento un grupo de adultos en la piscina del Salto del Caballo. En él se reunieron nadadores que con diferentes objetivos individuales querían mejorar la natación y dar un paso más en su rendimiento. Varios de ellos se desplazaron a diferentes competiciones a poner a prueba el nivel adquirido y uno de ellos (Jorge Escudero) nos relata su experiencia en la travesía del Valle de Iruelas celebrada en el mes de Julio en el embalse de Burguillo:

Crónica de una travesía anunciada

 El día en que iba nadar, me levanté a las 6.30 de la mañana para esperar el coche en que llegaba al pantano…

La meta

Sandía, fue la mejor sandía que he probado, o al menos me lo pareció en ese momento. Después de salir del agua medio tambaleándome y acusando el esfuerzo me acerqué al puesto de avituallamiento y sin decir palabra alguna la asistente me ofreció una tajada de sandía  frasca, recién salida del cubo helado, la comí en tres bocados y fui a por otra y después otra.

Recordaba los últimos metros, después de la isla no sentía ni padecía, solo nadaba una brazada, y otra y otra; mi cerebro mandaba impulsos nerviosos a mis extremidades, nada más. Fue un final de travesía en solitario, de vez en cuando paraba y levantaba la cabeza, veía delante a unos cien metros una chica con la que había rodeado la isla, a sus pies por supuesto, ganando un 30 por ciento en aerodinámica y disminuyendo el esfuerzo otro 30 según aprendí entre otras muchas cosas en mis entrenamientos con el club, benditos consejos pensé. La sirena, percatándose de mi estrategia decidió incrementar el ritmo tras rebasar la isla y dejarla a nuestras espaldas, aún se oían los últimos aplausos de la gente apostada en la orilla. No pude seguirla.

Terminé con medio cubo de sandías y me dirigí al de los aquarius y me bebí dos en sendos tragos, iba recuperando fuerzas.

500 metros, ya veía la meta y a lo lejos la gente como hormigas en la otra orilla… esto está hecho campeón, pero había que nadar y nadar y seguir nadando. No sentía ni brazos ni piernas, simplemente nadaba. 75 metros, empecé a distinguir siluetas, caras y el arco de meta, la chica salía del agua y casi cayó al suelo de no ser por los rápidos reflejos de uno de los asistente de la organización que la agarró justo antes de tocar fondo, joder esa si que no siente las piernas pensé. Salí del agua tambaleándome y casi caigo también al suelo, pero recobré el equilibrio en el último segundo. El público aplaudía y yo a ellos, agotado casi no podía andar y Ana me tomó una foto…se inmortalizó el momento y después en facebook. 1 hora y 42. Valió la pena.

El puente

Sobre el Río kwait… Al fin divisé el puente, una estructura metálica enorme a unos 1000 metros, tipo Eiffel, metálico, que unía dos orillas próximas de este brazo del embalse. Rodeamos la isla por su parte derecha, siguiendo una boya tras otra y al fin llegamos a la zona donde comenzaba este brazo del embalse. Iba unido a un grupo de unos diez o doce nadadores, situado en la zona media, siguiendo la estela de los que tiraban en cabeza, solo veía los tatuajes en el tobillo y pantorrilla de mi guía. Empezaba a acusar esfuerzo, más mental que físico, solo llevaba 1500 metros y dosificaba bien mis fuerzas. Comencé a reducir el ritmo de crucero que llevaba, no medía bien las distancias y decidí que más valía guardar energías, por si acaso. Comenzaron a pasarme todos los miembros del grupo y solo pude aguantar unos cinco minutos en la cola. Comenzó mi primer periplo en solitario. Me relajé comencé a sentirme mejor sin compañía, no tenía que preocuparme de manotazos ni de patadas y estaba harto de ver un tatuaje en una pantorrilla masculina. Seguí bajando el ritmo y me pasaron diez o doce de una tacada, miré atrás y no vi a nadie, ya eres el último pensé, y seguí dando brazadas, hasta me pasó la lancha de la guardia civil, cojonudo, nadie se dará cuenta… Más adelante a una distancia de unos 39 metros divisé varias cabezas y brazos, pero detrás el vacío, pues nada, a hacer la travesía como se pueda hasta el final, eso sí. Agua verde, más agua verde, con sabor ferroso. El puente se hacía más grande y comencé a realizar cálculos mentales de distancias, tiempos y esfuerzos, quedaba poco para llegar a la mitad. Incrementé la frecuencia y potencia de mis brazadas, estaba animado, podía conseguirlo. Pronto alcancé a un grupo de 5 y los pasé fácilmente, esto va bien, y seguí nadando, el forrest gump del agua comentaron días después en facebook. Seguí alcanzando y rebasando nadadores hasta que al llegar al puente me encontré con los del primer grupo, pero reducido a unos ocho miembros, joder, de nuevo el tatuaje. Llegamos al puente, mitad de trayecto y dimos la vuelta. Había canoas y otras embarcaciones, se veía a gente en las orillas peladas sin vegetación. Fue entonces cuando me di cuenta que ni mucho menos iba de los últimos, veía a numerosos nadadores que, enfilados, se dirigían hacia el puente. Mitad de tabla, medité entonces.

Me encontraba cada vez mejor y dejé al grupo, tenía fuerzas y prefería nadar solo, al menos por ahora. Faltaban unos 400 metros para llegar de nuevo a la isla y rodearla por el otro lado, nadábamos un grupo de 6 y me pareció que todos queríamos ir en cabeza, que extraño pensé. Justo al llegar a la isla se descolgaron 3 y quedamos otros tres, una chica, un chico y yo; ellos con un estilo depurado, bastante más que el mío pensé, que a estas alturas había perdido casi toda técnica y nadaba a base fuerza bruta y tesón. Comencé a acusar el esfuerzo y decidí seguir los consejos de Alberto y coger los pies de la chica y no soltarlos, costara lo que costara. Me acompasé a sus brazadas y volví a coger un buen ritmo y algo de técnica de nuevo, así podía llegar a la meta sin esfuerzo. El nadador se descolgó y nos quedamos esther williams y yo para afrontar el tramo final, no problem pensaba.

La salida

El día era esplendido para nadar, despejado y con el calor del final de julio, canícula estival, apetecía darse un chapuzón. Tras una hora y media de viaje llegamos al embalse y encontramos la zona llena de coches, me sorprendió ver tanta gente. Estaba algo cansado antes de empezar, había dormido poco por la noche anterior, jugaba España y me había pasado con la hora y las cervezas…;España ganó, imbatible, como siempre estos últimos años, orgullo patrio, siempre nos quedará la roja. Me acredité y busqué a mis compañeros de club entre la multitud. La gente está en forma pensé, aquí nadie tiene barriga, menos yo…tengo que ponerme a dieta para la próxima. Me informaron de que la distancia a nadar sería de 5,800 más o menos, que habían incrementado los metros debido al bajo nivel del embalse. Perfecto, con mi sentido de la orientación haré 7000. Me hidraté y comí algo, un plátano y un melocotón; llevaba dos días comiendo pasta y fruta, me apetecía un buen chuletón de Ávila, luego me daré el gusto. Dieron el aviso de que comenzaba la primera travesía. Me puse el chip y estuve tentado de hacer los 800 metros, deseché la idea, venía a nadar la TRAVESÍA, mi primera vez. Unos 15 minutos después dieron el aviso para calentar y tuve el primer contacto con el agua, verde oscuro, nadé una brazadas, no veía más allá de un metro de mis narices. Terminó la primera prueba y nos colocamos en la orilla; me percaté que muchos de los participantes llevaban neopreno. Me coloqué al lado de Rafa, mi compañero de fatigas en los entrenamientos dispuesto a nadar toda la travesía con él o a sus pies. Se veía la isla a unos 1500 m y el estrecho canal que nos dirigiría al puente, y alguna que otra boya a lo lejos. Pistoletazo de salida, unos 300 participantes saltamos al agua, yo estaba de los primeros, maldita mi suerte y mi colocación, empezaron a pasarme nadador@s, uno tras otro, recibí algunas patadas y manotazos, por supuesto a los 500 m había perdido a mi compañero; hice un gran esfuerzo por seguir su estela pero entre que llevaba neopreno y que me sentí algo agobiado no pude aguantar su ritmo. Pasamos una boya y e intentaba seguir las siluetas que me pasaban, como delfines, perdí la cuenta. Conseguí estabilizar mi nado, mi ritmo y me uní a un grupo de diez o doce camino de la segunda boya, cerca de la isla.

Jorge Escudero

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=J9dp7PYx9X8&list=PL301E8194ECE47639&index=11&feature=plpp_video[/youtube]

Mas información del Grupo de Entrenamiento de Adultos:

 

Jaime Moreno

Comments

  1. Araceli Casares says:

    Jorge, eres mi héroe, compañero!

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